NÓMADA

SIETE.TRES.VEINTEVEINTIUNO

Jamás había sentido la necesidad latente por tener los pies en la arena, el viento alborotando mi cabello y la brisa impregnándome el cuerpo. ¡Jamás! Jamás… hasta que tuve mi primer viaje sola, y de ahí en adelante: un ciclo continuo por querer volver a experimentar esa sensación, que nunca ha desaparecido… Mi espíritu jamás ha vuelto a ser el mismo, pero me he convertido en dueña de mí misma.

Decreté a la vida que acabaré este escrito cuando me encuentre en Zicatela, no sé qué me depare el destino, ni la brisa, ni cuan estrellada estará esta primavera, pero sé que en la vida siempre hay buenas sorpresas.

VEINTICUATRO.SOL.VEINTEVEINTIUNO

Descubrí que soy nómada; una chica en sus veinte que se encuentra con qué su alma tiene la edad que suma más de mil años. Reafirmé que me gusta caminar en mi cerebro, al menos aquel día lo recorrí unas veinte veces.

Descubrí que soy un nómada con la edad de 5 vidas pasadas; un niño de corta edad, dos señoras de pueblos ancestrales, un chamán, y la inolvidable vida de un jaguar. Tengo la experiencia del viento y la del cielo, tengo manos de artesano que alguna vez recolectó almas en la Sierra, tengo una vista aguda y lejana, mi alma es radiante y lunar, tengo un pelaje extraordinario.

Aquel día descubrí que soy un nómada estepario; de colores naranja, verde y gris, son mis colores de nacimiento. Ahora tengo heridas nuevas en la piel, lunares nuevos y lunares viejos, unas cuantas cicatrices de papel, un orificio en la mejilla que se forma cuando me rio con la vida. Ahora tengo un corazón que late demasiado, una locura paciente y amable, que se logra difuminar con los colores que me van pintando la raíz.

Soy un nómada de otoño y de dos a tres veces por año. Tengo varios veranos, algunos finos y suaves, otros magníficamente densos y largos, todos de color castaño muy oscuro, levemente dorados. Soy nómada y amante, un instante en la historia de cientos de viajeros, soy paz, alma y recuerdos, vivo en la infinidad de memorias y recuentos.

Confirmé qué en el agua encuentro vida, y qué viajando me enamoro cada vez mas de mí misma. Descubrí que mi piel después de tostarse unos tres días, ya no va a broncearse más, alcanzando un dorado exquisito y perfecto, convirtiéndome en atractiva y tentadora puerta del Universo.

Aquel día sumé todos los años de mis vidas, contemplé el mar entre cómo iba y venía. Conecté caminos en las estrellas, y el cielo se encendió mientras yo bailaba con ellas. Todos mis sentidos se potencializaron, ¡todos!; mi gusto, a través de mis manos, mi olfato a través de mi boca, mi vista a través de la música, y mi oído a través de la atmosfera.

Siempre he sido nómada, yo poblé el mundo, recorrí lagos, nadé caminos. Yo estuve aquí antes, y mi espíritu quedó atado a este lugar. Mi alma quiso regresar, y estoy en proceso para encontrar mi hogar.

Yo nací nómada, y renací viajando.

Brisas de Zicatela, abril, diecisiete, veinte veintiuno.

Un comentario

  1. El mirar tus escritos , me hace pensar en que la vida solo es un suspiro, me hubiera encantado robarte alguno más , gran afortunado al que escribes estos , me doy cuenta lo invaluable que eres , no solo tu belleza física, tu mente es un asombro para mí , gracias por aserme sentir vivo.

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