Carta VIII.

Anatomía de un Recuerdo.

Acaricié su pecho.
—¿Qué sientes?— pregunté.
No se cómo explicarlo. —me contestó.
—¿Dónde lo sientes?— volví a preguntar.
—En el alma— contestó.
Sonreí.
Hubo un lapso de silencio en general; tanto en el cuarto como en mi mente. Solo sentía como mis dedos iban deslizándose de arriba abajo sobre su pecho.
Un pensamiento broto a mi mente.
El invierno jamás volverá a ser frío. En general, el frío, desde que estaba contigo, había dejado de ser frío.

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