Tengo bloqueo del escritor, y es que no sé porque de dos por tres meses para acá, desde que aparentemente dejamos de hablar, no tengo ideas lunáticas, ni frases melancólicas, no tengo ojos para quien llorar, tampoco dolores por los cuales suspirar, la historia de la cual más escribí, e, irónicamente, a la que más le sufrí, se dejó de materializar. Tengo un bloqueo del escritor, algo parecido a un plumón lleno de tinta frente a un cuaderno esperando llenarse, hojas blancas regadas por el cuarto y puntillas nuevas dentro del frasco. Tengo bloqueo del escritor, y aparentemente, ¡irónicamente!, sí te lo cuento a ti, sí te lo escribo a ti, mi bloqueo tiene forma de carta.

Ahora mismo, por lo aparente, me encuentro muy bien, aunque sigo sin saber; ni de qué o de quién, ni de cómo o porqué, no puedo transformar la tinta y papel, a la historia que yo más soñé.
Tengo bloqueo del escritor, no sé si es por ti, por mí o por estar lejos de casa, tal vez es porque conocí un amor que me equilibro el corazón, pero aún con la ausencia de cualquier dolor, me gustaría embaucar al futuro para no cederle completamente la razón.
Perdóname por escribirte este borrador hablándote de mi nuevo corazón, pero al escribirte de mi desacostumbre por mi nueva vida, he terminado con mi bloqueo del escritor.