El Reloj de Arena.

Le gusta estimular, su olfato y su oído, 
con agua salada, leche tibia, canela tostada, ¡seductora marea!
Ella conoce tocar con sentido, corriendo la arena quemada que la lleva contigo.
Le gusta mirar, leer, y rezar, conoce de la filosofía y la poesía; la diferencia entre placer y seriedad. 

Ella sabe que no sabe todo, pero sabe que conoce de todo un poco.  
Le gusta la magia, las pieles doradas y las mentes abiertas.
Ella conoce el poder que tiene entre las piernas. 

Le gusta que corran la distancia que existe entre su nuca y su espalda, con la lengua y la napia, tener de su piel y su aroma, cierta experiencia. 
Le gusta saber que disfrutan, de los espasmos de su voz,
mientras le rozan los labios y las manos, los hombros y los brazos. 
Le gusta el amor, despacito y a tempo.
Ella sabe que no hay que esperar, porque en donde ella está, está el norte del Mar. 

Ella tiene medida la balanza de deseos, equilibra entre amar y pensar. 
Conoce su proceso para filosofar.
Ella ha descubierto el camino, entre lo natural y lo divino, 
Le gusta la autarquía de su cuerpo, su mente, y su consciencia, 
la porta con gracia y con ciencia. 
Ella tiene autocracia, conoce su historia, aprende del pasado. ¡Lo experimenta!
Le gusta su intelecto, su mente y sus conocimientos. Una multiplicidad. 
Ella tiene por virtud, la divinidad. 
Le gusta predecir su futuro y cruzar varias veces el puente de su Ciudad; conectar su instinto a la intuición, usando su intelecto como conexión. 
Ella imagina y lo crea, se mira en sus tres espejos; conocimientos, sabiduría, y conciencia;  se sabe, se conoce, y se refleja. 

Ella tiene un cuerpo con anatomía de sirena, 
Ella tiene una sesera con fisonomía de Reloj de Arena.
Ella tiene por virtud, una serenidad plena. 

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