Una piel dorada, tatemada por el sol, salada por el mar, con corazón de buen sabor. Se apresuró a desvestir sus piernas, dejando al desnudo su intención. Con un par de gruesos labios, de chabacano color, el hueso iliaco exaltado, y una voz de trovador. Dos noches antes, una toronja su boca besó, y dos minutos después, su lengua jugosa, le hizo el amor. Una mente extraña, que de su cuerpo salió, escuchó en el silencio, y sin movimiento, sintió. Con sus dos ojos grandes caramelo, de extraño fulgor, se abrieron sus puertas del alma, al Nuevo Mundo Seductor.