BIO/LEEttA.

Hay algo de magia en dormir, mientras sueñas, puedes crear un universo de realidades paralelas y perpendiculares. Fue así como en la noche de ayer, entré al Mundo del Gran Todo por una puerta luminosa y blanca. Después de comer un poco de cacao, admirar su sabor, y estar plenamente en el presente; salí de mi cuerpo, caminé entre el espacio vacío y me dirigí al Mundo Bioleetta, que, a primeros pasos, es ausente de color, El Gran Todo es blanco, de frente a él hay un bosque malva, púrpura, lila y violeta.

Caminé a través de una acuarela líquida hasta llegar a un río inmenso que salía de mi cuerpo pero a la vez lo rodeaba, todo era al revés, la izquierda a mi derecha y mi derecha a la izquierda. El magnetismo del Río me hizo ingresar en él y al hacerlo me volví roja. El cielo se pintó de dominantemente escarlata, y mi piel brilló desde la raíz. Mientras esa luz en mi cuerpo crecía y la respiración se acoplaba, el cielo empezó a cambiar a un color naranja, y en tanto avanzaba en el no tiempo, de ámbar mi piel se coloreó. El agua empezó a subir de poco en poco por mis rodillas hasta llegar a mi vientre ambarino, e hizo una pausa para alinearse, empecé a experimentar la experiencia completa y a apreciar distintas sensaciones.

Cuando el agua siguió en dirección a mi ombligo, el río se aclaró para volverse amarillo, y en cuanto encontró la brecha cóncava que me ata al Universo, volvió a detenerse, mi piel ahora era de un dorado majestuoso, mis pies se llenaron de certeza y seguí adentrándome en mi viaje astral.

El agua del río siguió su caudal sobre mi pecho llegando al corazón, de camino a él, recorrió mis órganos, mis células, mis partículas diminutas, mi oxígeno, y mi respiración, me vi tornarme naturaleza viva y pura, mi cuerpo se fusionó con el paisaje que ahora era de color verde esmeralda. Comencé a sentir como mi latido corporal interactuaba con mi latido cósmico, me convertí en la sangre recorriendo mis venas y todo el aire recorriendo mi cuerpo, era meramente amor alimentando mi espíritu.

Y entonces, el agua siguió su camino, cubrió mis hombros y descanso en mi cuello, me volví azul. El oleaje lento pero perceptible del río, moldeaba mi voz interior, fui creando nuevos impulsos neuronales que estimulan mi expresión. Las palabras tomaron otro sentido y en el Mundo del Gran Todo, logré una reconfiguración.

De camino a mi rostro el agua siguió su camino, recorrió mis mejillas, mis orejas, mis labios, y mi nariz. Me llenó los ojos hasta llegar a mi frente y se detuvo a mitad de mis tupidas cejas. Me volví violeta. Mi cuerpo estaba en completa disolución, y el paisaje debajo del río era un espejo al revés, y todo, absolutamente todo, morado se puso esta vez.

El agua siguió su camino hasta llegar a mi cabeza, mi cerebro y mis neuronas, comprendí, dejé de ser yo para ser algo más grande, y no hubo más. Pertenecía a ese lienzo de púrpura espectral.

Y presente en el no tiempo, todo cambió de color, y el Gran Todo se volvió argenta, todo era completamente plateado, tal cual mercurio. Destellos de luz en todo mi cuerpo empezaron a liberarse a mi alrededor, el agua del río creo un nuevo caudal resplandeciente que salía de mi cabeza hacía el Universo, y en ese preciso momento, fue consciente de encontrarme en un río psicodélico plateado.

Criaturas hermosas empezaron a rodear mi cuerpo, ballenas y delfines, quienes bailaron conmigo. Tres caballitos de mar unicornio se aproximaron hacía mí, uno de ellos tocó mi nariz con la punta de su cuerno, y después de este acto solemne de paz, se marcharon.

Habiendo sido fondo y forma de aquel interesante ritual de intercambio de energías y amor, salí del río, y volteando al cielo, como parte de un espejo, observé que todo a mi alrededor violeta era otra vez, mi cuerpo completamente lila caminaba sobre la acuarela coloreada totalmente de violeta; el sol, las nubes, los árboles y las estrellas, inclusive el aire también lo era.

Caminando de regreso del Mundo del Gran Todo, todo se volvió a su lugar, la derecha a la derecha, y la izquierda a la izquierda, caminé de regreso hacía la puerta de luz que me trajo hasta acá, en un camino blanco lleno de nada mientras venía contemplando mi totalidad. Entré de nuevo en mi cuarto y vi mi cuerpo recostado en la cama, antes de regresar a él miré el movimiento sutil de mi respiración y di las gracias, por la pureza de mi presencia, la alineación de todas las coincidencias, y haberme vuelto bioleetta con la energía en la que, por esta noche, vibró mi corazón.

Deja un comentario