En las maletas preparadas, ya no entró ni un alma, dejé miles de fotos, de recuerdos y de cajas, dejé un par de ropa desgastada, pero, empaqué toda mi ropa de playa. Intenté meter a mi mascota pero, me di cuenta que es igual de libre que yo, y aunque derramé algunas lágrimas, me fue imposible encerrarla. Intenté meter a mi familia, y a dos de tres amigos que seguían en mi vida pero, todos ellos ya tenían la puerta abierta de mi casa nueva. Dejé mi cama y dejé zapatos, dejé la estúpida escusa que me hizo llorar algunas madrugadas, y un par de veranos que solo me habían hecho daño. Empaqué una foto de cuando era niña y otra de mis abuelos, me llevé una bufanda de mi padre y un labial de mi madre, mi abuela me dio comida y un poco de hierbas, también guardé un par de libros de mi abuelo y todos lo que me regalaron este invierno, guardé el portarretratos con la carta de mi mejor amiga, un par de te quieros y dos alcancías. Empaqué la libreta que me regaló mi ex favorito, junto con un par de poemas que no he publicado y que jamás entregaré, guardé mi pluma favorita y dos hojas en blanco, me llevé una foto que tengo de mis viejas amigas y la foto de niños que tengo con mi mejor amigo, me llevé las llaves de la casa donde vivía, junto con los miles de llaveros que le cuelgan, un par de calcetas que me dio el amor de mi vida, mi peluche favorito y el atrapa sueños que me dio mi vecina, quien se convirtió en una buena amiga. Llevo un par de suéteres, solo por si hace frío, llevo un termo que regaló mi hermana mayor, por si tengo sed, llevo unos aretes que me dio mi hermana menor, por si me rompen el corazón. Empaque un par de relojes y los lentes de mi tía. Todo esto por si algún día extraño mi vieja vida. Empaqué muchos momentos, y entre la nostalgia y los recuerdos, intenté guardar veinticuatro años en dos maletas, y aún al final, cuando por fin lograron cerrar, había una vida muy difícil de soltar, pero que ya no pude empacar.