Fueron mi voluntad y tu libre albedrío, fueron los recuerdos que antes ya habíamos tenido, la piel, el cuerpo, nuestra mente, y la conexión previa existente. Fueron el mar, el cielo, la brisa y el preciso momento, fueron tus ganas de buscarme y mi ganas de responder, fue la confianza justa y adecuada para vernos nacer. Fueron tus oídos y mis palabras, mis poemas y las miles de cartas, fue tu amable forma de escuchar y mi paciente forma de escribir, fue la dirección perpendicular y la dicha de coincidir. Fue tu voluntad y mi libre albedrío, lo que nos hizo suceder.