La purga.

No es absurdo hablar del miedo que ha dejado detrás,
del que no agradezco por haberle conocido y, por el contrario, 
aborrezco al haberme interesado. 
No sé cómo hablar de todo este miedo acumulado, 
del ansia rezagada entre los ojos y las manos, 
del delito que he cometido, por repetir errores del pasado. 

No es absurdo tener de nuevo, 
dos o tres barreras y de cuatro a cinco límites.
No es absurdo querer no haberle conocido, 
y marcharme antes de haberme enamorado. 

No será absurdo alejarme de todo,  
saliendo a purgarme el cuerpo, 
sin pena ni gloria por lo que me aguarda el desierto, 
con recelo de lo fácil que me ha olvidado. 

No será absurdo tener suspicacia, 
y mucho menos guardarle rencor, 
pues de las pocas mentiras sin gracia, 
la suya fue la peor. 





Deja un comentario