Mis Ancestros.

Cuenta una historia que en el Mundo de la Vida hace miles y millones de años, muchos más de los que en mis treinta reencarnaciones pudiera recordar, mis ancestros solían medir el tiempo a través de la belleza de las olas, el mar y el viento. Solían sentir respeto y admiración por toda creación Natural, pues creían que todos formábamos parte de un ciclo de intercambio de energía. Tenían mapas estelares que explicaban con exactitud el camino de los cielos, las lluvias y sus sequías, los eclipses y los equinoccios. Para ellos, interpretar los fenómenos naturales era registrar su historia para poder después, predecirla. 
Mis ancestros solían tener del Universo una cosmovisión única e inigualable que atribuía eventos cósmicos a seres celestiales. 

En esta historia, cuentan mis ancestros, que nacían con habilidades mágicas; pues tenían de forma innata el conocimiento del Mundo de la Vida y del Mundo de la Muerte; en sus manos, en su cuerpo, en su alma y en su mente, habitaba alguna fuerza inexplicable que los volvía los mensajeros de los Dioses. 

Los mensajeros, también conocidos como curanderos, se encargaban de la lectura de la Tierra, de la interpretación de apariciones de cometas en los cielos, y el movimiento de las estrellas, analizaban la salida del Sol, y los comportamientos entre la Luna y la marea. Creían que, a partir de todos estos sucesos cósmicos, Los Dioses se comunicaban con ellos, dándoles los mapas siderales para ayudar al ser humano a recorrer su camino en esta vida y  ayudarlos a trascender a la siguiente, sin embargo, no todos los seres humanos estaban preparados para escucharlos y mucho menos, entenderlos.

Fue así como Los Dioses compartieron con los curanderos sustancias místicas de doble función; se podrían abrir canales de comunicación con el Universo a través de la expansión de la mente y la disolución del ego, además de adquirir conocimientos cósmicos a través del acceso al mundo onírico. Mis ancestros dicen que estas sustancias, tan poderosas como sagradas, eran la puerta de entrada a comprender El Mundo de las Deidades Antiguas. 

Sin embargo, para la creación de estas sustancias, los Dioses requerían de un flujo de energía constante y poco más acelerado en la Madre Tierra, y para poder mantener un equilibrio cósmico entre la vida del hombre, la flora, la fauna y los Dioses, se realizaban sacrificios humanos voluntarios de beneficio mutuo, es decir, los humanos eran recompensados aun siendo sacrificados. 

En todos estos rituales y sacrificios, se preparaba a los seres humanos para la trascendencia, que, según mis ancestros, solo se percibe a través de la mente. Era entonces que los curanderos preparaban alimentos celestiales para que los humanos se desprendieran de su cuerpo físico, pues la verdadera ofrenda para la Madre Tierra, eran las almas libres y plenas, dispuestas a evolucionar y entrar al Mundo de la Muerte. 

Mis ancestros aseguraban que la recompensa que Los Dioses entregaban a la persona tributo era su evolución y la capacidad para viajar a la Dimensión del No Tiempo. En ella, se disfruta de la plena capacidad de la conciencia, del aquí y el ahora. De esta manera se mantenía un equilibrio entre los Mundos, pues se continuaba con un ciclo natural de intercambio de energías y, por consiguiente, de reencarnaciones. 

Eran mis ancestros quienes, en este ciclo de equilibrio, asignaban a los humanos, de acuerdo con sus conocimientos estelares y el día de su nacimiento, un astro guía y un elemento natural. Esto determinaba cuál sería su reencarnación en el Mundo de la Vida, ya fuera regresando como un humano o un animal, perteneciendo al aire, a la tierra, al agua o al fuego. 

Es por eso, por lo que mis ancestros, los mensajeros, solemos tener cierto respeto y admiración por cada creación Natural. 

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