No iba a dejar que afectaran mi juicio, ni que me llenaran los ojos de lágrimas, la tarde de anoche y el día de ayer, habían sido suficientemente húmedos como para seguir inundando mi rostro con los Demonios del Hubiera.
Y aunque sé que tengo varios y variados, tengo que dejarlos libres como ellos me han liberado a mí, y de aquella «lista de cosas por hacer» tengo que deshacerme, no sé si la guardare en el buro lateral de la cama o si la llevaré conmigo a la playa.
De cualquier manera, ellos y yo, ya hemos hecho las paces, me han prometido marcharse hoy de aquí para dejarme vivir el ahora.