Carta I.

No sabía cómo hablarlo, ni a quién decirlo, 
nuestra familia pasaba por el mismo vacío. 
No sabía cómo llorar, pero cuando lo hacía, tampoco sabía cómo parar. 
No sabía a dónde tenía que correr para encontrarte,
porque siendo sincera, yo ya sabía, que por más rápido que lo hiciera o, 
por más lejos que llegara, ya no volvería a verte. 

Aún no sé cómo es que he lidiado con tu ausencia, 
ni con tantas anécdotas que he querido contarte,
 ¡y qué decir de todos los consejos que tú debiste darme!
Aún no sé cómo es que extrañarte es algo cotidiano, 
y cómo es que de tu pérdida ya puedo hablar,
aún no sé cómo, pero intento volverlo normal. 

Tengo que admitir que a veces (casi siempre), 
me da pena sentir esto que siento,
porque extrañarte me sienta fatal. 

Temo decir; que no he aprendido a celebrar navidad sin ti, 
tampoco se cómo festejar mi cumpleaños, 
y mucho menos entiendo cómo es que tú dejaste de cumplirlos, 
es por eso por lo que a veces, (casi siempre), 
suelo saltarme varias fechas del calendario.  

No sabía, hasta que La Vida me mostró;
que te iba a extrañar en todos los momentos que nunca tuvimos, 
y que me haría falta todo el amor que debiste darme.
No sabía, hasta que La Soledad me enseñó;
que podría encontrarte en mis sueños y en los atardeceres, 
y en su mayoría, todo el tiempo, mirando el cielo. 

No sabía que me harías tanta falta, 
hasta que me volví adulta,
y los únicos ojos que me mirarían con alma de niña,
cerrados ya estaban. 

No sabía cómo hablarlo, ni a quién decirlo, 
es por eso por lo que te he escrito,
más no se me advirtió que, 
al terminar de escribirte esta carta, 
media caja de pañuelos, usada terminaría en el suelo. 

Deja un comentario