Hay días que no son ni buenos ni malos, solo días. Luego, vienen los nuestros. Cuando la luz entra en mi piel aunque este nublado, cuando me provocas cosquillas y me robas varios besos.
Hay noches con soles y lunas, que no iluminan ni oscurecen. Después, vienen las nuestras. Cuando ambos convergen, la luna en el sol, con milagros en tu sonrisa y destello en mis ojos.
Hay miradas; de camino a la oficina, en el metro, de camino a tu casa y por la calle, miradas penetrantes, de ojos que a veces no alcanzan a mirar... Luego, vienen las nuestras. Cuando tus ojos se dilatan al mirarme recostada a tu lado, ¡te sientes dichoso! Cuando te miro distraído y me brillan los ojos, ¡me siento afortunada!
Hay cuerpos, uniformes y deformes. Estatura promedio, brazos mas largos el uno que el otro, labios mas delgados, mejillas mas redondas. Después, vienen los nuestros. Cuando mis dedos juegan con tu nariz, y en secreto, anhelan dibujar los caminos de lunares que te adornan el cuerpo. Cuando tu hambre y tu ansia me desliza la blusa y besas mis pechos.
Hay cicatrices; de caídas de árbol, de piquetes de mosco, algunas mas evidentes que otras, otras pocas mas ocultas que las otras. Hay cicatrices por dentro y por fuera. Y luego vienen las nuestras. Tenemos costuras y enmendaduras de cuando solemos dejarnos pasar, y pasamos días sin hablar, de cuando nos extrañamos y no nos podemos tocar.
Hay historias, cortas y largas, en libros, revistas, películas y poemas. Luego, está la nuestra. Cuando nos conocimos, la primera cita y el primer beso, las salidas de madrugada y las visitas a mi apartamento.
Hay mascotas de la infancia, que te marcan de por vida; hay amantes de los patos y tortugas, tú eres amante de los perros, y yo, de los gatos ¡por su puesto!
Hay cientos de memorias y recuerdos, algunos suelen ser borrosos y otros mas coloridos, pero después, vienen los nuestros; noches de juegos con pijamadas a escondidas, y platicas de medianoche con las luces encendidas.
Hay amores, ¡si!, muchos, y de todos tipos, desbocados, sin sentido, Platónicos y efímeros, hay amores sabios y pacientes. Pero luego, viene el nuestro, con tus labios besando mi frente o tu manos acomodando mi cabello. Se que es tan tuyo como mío porque escucho tu corazón latir cuando me abrazas, y me encanta la manera en que me hacer sentir cuando me amas.

Hay siete mil novecientos millones de personas en el mundo. Ciento 27 millones en México, nueve millones en la Ciudad, cincuenta y 2 punto dos porciento son mujeres, y cuarenta y siete punto 8 porciento son hombres. Todos con diferentes rutinas y distintos sueños. Y después de tener una probabilidad de cero punto cinco ceros mas 531, venimos nosotros: coincidiendo.