Tomaste diez semillas, mientras prendía el fuego al comal, se calentó la cascarilla, y limpiamos el cacao... De poco en poco, con delicadeza y suavidad, fuimos triturando un alboroto, agradable al paladar. Me tomaste por las manos, para moler el chocolate, trenzaste mis cabellos, y sacamos el metate. Acariciaste con tus labios, el aroma de su cuerpo, y justo después de hacerlo, lo saboreamos con un beso. Preparamos el amor, después de hacer el chocolate. Me dejaste un buen sabor, y el corazón me calentaste.