A veces siento que la independencia se asemeja a estar comiendo un helado en la banca de un parque, disfrutando del clima (circunstancias), cual quiera que este sea, acompañado de esas sensaciones de comodidad, equilibrio y paz mental. He estado ahí, y me he percatado de que hay formas para permanecer en el parque o simplemente nunca volver. He sentido que dicha independencia te hace pender de un hilo muy flojo, o estar a mitad del camino, en el que una simple decisión te puede hacer avanzar o retroceder, pero ¿Qué marca la diferencia para dar un paso hacia delante (interdependencia) o dar pasos para atrás como un cangrejo (dependencia)?
Hace meses que vengo pensando en escribir sobre la dependencia, independencia e interdependencia emocional, así como su conexión con la responsabilidad afectiva en las generaciones actuales o bueno, en los círculos sociales. El ser humano pasa o debería pasar por tres etapas en su vida; la dependencia, la independencia y la interdependencia. La primera, la dependencia; es esa etapa cuando estamos pequeños o somos niños, si lo quieres ver en el sentido literal es cuando tus padres te mantienen, esta dependencia surge de nuestras necesidades básicas. Después viene la independencia, que en teoría viene acompañada de lo que sería la adolescencia, la adultez, la formación de criterio, es decir, cuando nos convertimos en seres autosuficientes para tomar una decisión, la independencia puede ser de varios tipos; física, económica, sentimental y mental, y para poder lograr la interdependencia debes gozar de todos estos tipos o al menos de varios. Por último, la interdependencia es aquella etapa en la que te eres autosuficiente, pero aceptas que en ocasiones sumas más con alguien que estando solo, y eso te permite crear relaciones constructivas en todos los sentidos, desde el laboral para aprender a trabajar en equipo, el familiar para recibir y dar apoyo en diversas situaciones, hasta el sentimental con tu pareja y amigos. En otras palabras, la interdependencia es como cuando escoges estar con alguien no porque no quieras estar solo o por necesidad, sino porque te apetece y es tu elección, es un proceso de madurez bizarro.
Interesante, ¿no? en teoría todo ser humano tiene la capacidad natural de volverse independiente y de evolucionar a una relación interdependiente con la sociedad, pero entonces ¿Qué distorsiona el camino natural de la madurez? La responsabilidad afectiva requiere que los sujetos inmersos en una relación, cualquiera que esta sea (amistosa, familiar, laboral, de pareja monógama o poliamorosa) tengan este último peldaño de madurez, pues al ser conscientes de su valor individual también son conscientes del valor ajeno, es decir, existe respeto y empatía entre los miembros de la relación, por lo que esta relación humana afectiva independiente termina convirtiéndose en un relación humana afectiva interdependiente que ya no es solo un acto de sentimentalismo sino más bien la creación de equipos con fines comunes.
«Procurar comprender requiere consideración; procurar ser comprendido exige coraje.»
Entonces, bajo esta misma línea, uno de los factores, quizás el más influyente, que determina el camino de la madurez, será la convivencia humana, una máxima de la naturaleza que indica que nos determina como seres sociales. Por lo tanto, será entonces nuestro circulo social y todas aquellas relaciones interpersonales que tenemos en la vida, las que van determinado y aportando dirección a este camino de madurez.
«Nos determinamos a nosotros mismos por medio de nuestras elecciones.«
Para dar respuesta a la pregunta inicial y llegar efectivamente al último peldaño (interdependencia), el ser humano tiene como meta crear relaciones interpersonales sanas. Desde mi punto de vista, considero importante la evolución de nuestro circulo social conforme nuestro crecimiento personal va aumentando. Hace tiempo una persona cercana a mí me mencionaba que conforme vamos creciendo: vamos perdiendo y ganando a personas que necesitamos en nuestra vida. Y analizándolo desde este punto de vista ¡es cierto!, no todos crecemos con la misma rapidez, ni podemos controlar en un 100% las circunstancias, pero sí somos dueños de nosotros mismos, y de nuestras decisiones (las que tomamos y también de las que no) y eso es algo que si se puede controlar. Así que debo concluir este soliloquio con la siguiente frase: la interdependencia está al alcancé de aquellos que son lo suficientemente conscientes de su realidad y son lo suficientemente valientes para apoderarse de ella.
«Nuestra conducta es una función de nuestras decisiones, no de nuestras condiciones.«