Cuenta una historia corta que hace más de veinte años dos amantes se enamoraron profundamente uno del otro, algo conocido científicamente como un desplome de serotonina coordinado con una inundación de dopamina, y en pocas palabras o palabras más románticas; amor a primera vista.
Las fechas en esta historia son importantes, pues todo comienza y termina con la palabra reencuentro, ya sea en la vida o en la muerte, ambos amantes no dejarían de encontrarse cualquiera que fuese su condición, haciendo de este un amor; trascendente.
Los amantes coincidieron en tiempos y espacios, mucho antes de que ambos pudieran percatarse de su presencia en la vida uno del otro, coincidiendo por primera vez cuando eran apenas adolescentes, con pocos años de diferencia, nunca llegaron a estar en el mismo grado escolar más si en el mismo colegio. Viviendo en la misma Ciudad, años después, volvieron a coincidir, de manera remota y algo curiosa; encontrándose eventualmente en el paradero del bus, él de regreso del trabajo y ella de regreso a casa del suyo.
Pasaron varias semanas antes de que se diera la primera interacción, causada casualmente por un conocido en común. Una familiar de aquel hombre conocía de los años del colegio a aquella mujer, provocando el primer intercambio verbal entre los dos. Las coincidencias del amor realmente no son coincidencias sino aquellas causalidades previstas y marcadas por el destino, y para suerte de ambos su camino ya estaba unido.
No pasaron más de dos años para que la pareja decidiera comprometerse y empezar una vida juntos y como fruto de un gran amor y con el paso del tiempo nació una pequeña bebé. Durante todos esos años de felicidad y de afecto, la pareja había alcanzado su plenitud hasta que aquella mujer enfermó.
No hubo cura para una enfermedad tan avanzada, tampoco hubo tiempo que pudiera preparar a aquel hombre para la pérdida que estaba a punto de sufrir, la muerte es justa y reclama sin anticipo y sin retraso y fue así como un once de febrero muriera el amor de su vida.
Pasados varios veranos y varios inviernos, aquel hombre intento construir un nuevo hogar, tener planes y nuevas metas, un nuevo camino por recorrer, pero nadie pudo anticipar qué, la muerte y el amor vendrían por él, tan sólo nueve años después.
Fue entonces qué, en un enero, casualmente en un enero, para ser exactos un veintitrés, la muerte volvió por aquel hombre que fuera de ella, su gran amor.
Las fechas de esta historia son importantes, pues todo comienza y termina con la palabra reencuentro; él nació un cinco de febrero y ella, casualmente, un dieciséis de enero. La muerte llegó para ambos en fechas en donde su vida celebraba aniversario; convirtiendo esta historia, en una de amor; uno qué, floreció en vida y se reencontró en la muerte, uno que parecía casualidad pero siempre fue destino.

Me encantó tal cual tan hermosa historia de amor ❣️
Me gustaLe gusta a 1 persona