Señales cruzadas.

Tú entendiste que no, mientras yo decía que sí, y pasado un tiempo lo dejamos todo así. Entre tantos dimes y diré después, ninguno dijo nada, ni una sola vez.

Entre el otoño y el invierno, olvidamos lo que vivimos de la primavera al verano, dejando ir lo que pudo ser, y entre una carta de amor que jamás llegó y el olvido que recibiste en el buzón, tú interpretaste mi silencio como un adiós.

Fue curioso que; entre mis piernas y tu espalda, tus labios y mis besos, entre la ropa resbalando por mi cuerpo, tú hayas entendido que no, mientras yo gemía que ¡sí!

Tú entendiste que no, mientras yo ardía por ti, y pasado un tiempo nos quedamos sin más estaño por fundir; dejé de encontrar rimas para describir lo nuestro, no hubo más letras, se acabó la tinta y sobró mucho papel, con tantos espacios en blanco, hojas arrancadas y cartas a medio escribir, se terminó por incendiar el hielo.

Tú dedicaste canciones y yo dediqué cielos y así cumplimos con varios deseos. Fuiste la sombra tumbada en mi alfombra, pero ninguno de los dos supo esperar a que se acoplara el viento.

Entre huir o quedarnos, hubo varias noches de por medio, con sus días y su sol en pleno. Entre huir o quedarnos, nunca entendimos como amarnos, y por consiguiente mis viejas costumbres me hicieron ser juez y parte de una historia de la que al final quise alejarme.

Entre la última y la primera, tu recuerdo y el olvido, ya no hubo gran diferencia, aunque sí un gran abismo, pero al final, entre todas las señales, el cariño y lo vivido, tú entendiste que no, y yo no volví a decir que sí.

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