Podría apostar que ya no te quiero, pero perdería en el intento y perdería dos veces; una por fingir que somos extraños y la otra… es evidente.
Podría intentar ignorar el escalofrío que recorre mis piernas y va subiendo mi vientre hasta llegar a mis manos, ignorar el nudo incomodo al pasar saliva y esa sensación de vacío hambriento difícil de llenar, podría forzarme a ignorar todas estas sensaciones que decir tu nombre me provoca, pero tengo que ser honesta… todo me resulta difícil de ignorar cuando se trata de ti.
Podría inventar mil historias y escribir otros mil poemas, pero no podría cambiar la vida que nos tiene preparado el destino, ¡la vida no cumple caprichos!
Podría intentar mover el cielo, el mar y la tierra, hacer caminar el viento a mi favor. Podría intentar decir adiós sin mirarte a los ojos e intentar cerrar la puerta para que no vuelvas a entrar, ¡podría intentar dejarla bien cerrada!, pero conoces de sobremanera las llaves para poder pasar.
Antes, pude haber sido más paciente y dejar que el tiempo hiciera lo pertinente, pero es que siempre quise que todo se diera contigo y ese umbral entre intentar o forzar se difuminó, por consecuencia lo crucé tantas veces como fue posible, hasta que por fin desapareció.
Pude intentar esperar un poco más, dar un beso más, una última oportunidad, pero ya no tengo derecho a quererte y tú perdiste credibilidad para volver.
Podría, aún, prender mil velas e intentar hablar con las estrellas, ¡podría intentar no olvidarte después de tantos años en continua intermitencia!… pero de todos los métodos que he usado… ninguno ha dado resultado.





