
Le escribo a todos y le escribo a nadie, es decir, escribo porque me nace del alma, de aquí dentro y es que tengo esa imperiosa necesidad de decir todo lo que siento y es así como terminó escribiendole al que llora, al que rie, al que se enamora, al que pasa desapercibido debajo de la sombra de un árbol, le escribo al mundano y al que se cree sagrado, porque si de vivir se trata yo he estado ahí, en la mayoría de los escenarios improbables y en casi todos los probables.
Le escribo a los amores del pasado, aquellos que me lastimaron, a los que me robaron grandes besos y al que me robó el primero, les agradezco la experiencia, les deje ya mi recuerdo, les escribo a mis amores del pasado para decirles que han sido parte de mi cambio, de mi revolución continua, de mis cambios de estación, han sido parte de mi vida.
Le escribo a mi amante actual, al que deseo y tengo ganas de amar, le escribo de nosotros y de lo que siento, de mi pasión y sentir, le escribo de las estaciones y le habló del viento, de las flores y sus frutos, a veces le explico lo cansado que es el tiempo sin él, le describo y plasmo mis más bellos pensamientos,pero también le escribo de la furia y del enojo, de los sentimientos que provocan la carencia y la costumbre. 
Me escribo a mí porque me siento poeta, tal vez no lo soy ni aspiro siquiera, pero me gustan mis rimas sin asonancia, me gustan los espacios vacíos y los que casi están llenos, me gusta el amor que emana mi ser, me gusta mi manera, me gustan los colores que tengo en el alma y las flores que han crecido entre mis ramas.
Le escribo a mis fantasmas del pasado, a las sombras que aún me acompañan al dormir y al despertar, le escribo a ellas porque viven conmigo y son parte de mí, nunca se alejan, son cicatrices intactas y permanentes.
Le escribo a las personas que idealice y me rompieron el corazón, sobre todo le escribo a mi corazón para que sane pronto, para que aprenda a mantenerse entre esa línea divisoria entre lo divino y lo real, para no volver a caer en juegos del destino, le escribo también a él, para tentarlo a cambiar, dibujando posibles caminos, ¡si!, le escribo al destino, a él que dice que ya está escrito.
Le escribo al último chico que me conoció inocente; a él, que moldeo mi cuerpo a su antojo, capricho y voluntad, a él, que tomó ventaja sobre todo lo que no conocía, a él, que me volvió pecadora y sin dudarlo se convirtió en Platón. Le escribo a él porque se muy bien que jamás volverá a sentir de mi magia, le escribo a él porque es mi manera perpetua de decirle lo mucho que me enseñó. Le escribo a él y se lo dedico a la luna como en ofrenda por su querer, le escribo de él y de lo mucho que me enamoré. 
Me escribo a mí porque describo mis sentimientos con papel y tinta, en servilletas, en libretas, en mi mano y en mi piel, le escribo de mí al tiempo como queriendo dejar huella, platicandole de sentimientos, me escribo a mí porque merezco ser leída, porque me encuentro única y aventurera, peculiar y simpática, le escribo de mí a la vida por hacerla memorable.
Le escribo a la vida de la belleza que se encuentra en la naturaleza, en la transformación de la semilla en raíz, a tronco, a ramas, flores y frutos, a la belleza del cuerpo humano, a mi familia y a mis amigos, ¡le escribo a la vida que ahora vivo!
¡Le escribo a la vida porque así de apasionada puede llegar a ser, aún teniendo múltiples heridas, aún sin tener muchas salidas, puede llegar a ser bellísima!