Caminé a mi cuarto a cambiar mi ropa por la pijama, empecé a deslizar los pantalones en mis piernas, estaba curvada y tus manos me tomaron por la espalda abrazando mi cintura, enderecé mi cuerpo volviendo a ti. Tus labios se posaron entre mi cuello y mi cabello, con los pantaloncillos a las rodillas y los pecho descubiertos, volteé a verte y me robaste un beso.

//qué maravilla// pensé y poco a poco mis manos te quitaron el resto de ropa y me aparte para retirarme los vaqueros, me acosté sobre la cama, tus manos fueron abriendo lentamente mis piernas para recorrer el viejo camino que tantas veces había recorrido en la oscuridad.
Pasaste tus labios por mi ombligo y besaste mis pechos, acariciaste mi mejilla y de frente, ahí, mirándote, lo supe, me eres eternamente preferible e irrepetible. Conexión perfecta.
Te besé y cerré mis ojos y ansiaba volver a ser tuya y mi piel le agradeció a tus dedos tu tacto gentil.
Acerqué mis labios a tu oído y entre gemidos susurré, —quiero estar arriba— //mordí mis labios// acomodaste tu cuerpo en la cama, y posé mis muslos en tus piernas.
//Que delicia y que calma,
al sentir el mundo ardiendo
contigo en mí,
adentro//.
Dejé que mis caderas recordarán tus movimientos y mientras más me movía y más te besaba menos quería que todo acabara. Te veo y sigo amando lo que veo.
//¿Quién nos dijo que no somos buen equipo?//
Mi alma volvió a mi cuerpo y en un acto perpetuo, tus labios en mis labios, el calor de mi cuerpo y el sudor de tu pecho, sentía mi corazón salir por mi boca y mi vientre imploraba no detenernos, se presentía la humedad entre mis piernas, cálida y ardiente. Si me hubieran dicho que para el final de la noche nuestras siluetas se confundirían, tanto que nuestra respiración sería unísona, un gemido, un aullido, un gélido suspiro que daba por fin a nuestro idilio…

Si me hubieran dicho que volvería a cabalgar contigo las siete leguas al paraíso, hubiera perdido la vida por jurar que nunca sería cierto, pero la hubiera perdido por placer cariño… porque no hay cabida a la duda que volvería a revivir la noche entera entre tu cuerpo.
No hay cabida a la duda.
¡Cariño!
Que yo volvería.
A perderme en el infierno.