¿Y qué hizo ella cuando desapareció?
No supe más, solo supe de las estaciones y tuve buenos recuerdos, no me dejó más que eso; momentos.
Fue como si jamás hubiera existido, no pude encontrarla más, y sin embargo su aroma y su risa siguieron grabados en mi mente.
Fue como si hubiera sido un sueño y de pronto, en el mejor momento, hubiera despertado en muerte súbita, desorientado, y sin embargo sigo vivo pero no completo, cuando ella se fue, se llevó mi alma consigo.
Creo que fue después de eso que empecé a fumar, porque me recordaba los berrinches que hacía al apagar el cigarrillo, me hacía saber que fue real, que fue mía y de verdad.
Fue como si ella hubiera borrado sus caminos y sus huellas, era buena para no dejar rastro, no dejó puertas para encontrarla, no hubo llaves, no hubo mapas, desapareció, a pesar de querer que la encontrara.
Creo que fue después de eso que empecé a caminar por los mismos lugares por donde ella andaba, anhelaba encontrarla, distraída como era su costumbre, leyendo en algún parque, tomando helado al caminar, deseaba verla una última vez bailando, con sus manos en el aire y sus ojos cerrados, una peculiar belleza que irradiaba tranquilidad, tenías una peculiar manera de bailar.
Fue como si ella supiera algo que yo no conocía, ¡era magia!, algo de picardía, sus mejillas, su fulgor, fue toda ella quien me cambió la vida, fue ella quien me dio vida.
Antes de irse y para hacerlo memorable días antes me regaló en una maceta con sus flores favoritas, haciendole honor a su nombre, me hizo prometer cuidarlas y no lo entendí hasta el día que desapareció…
—¿lo entiendes?—me dijo— la amarás tanto como a mí—, besó mi frente, suspiró profundo y se marchó.
Fue como si quisiera dejarme cuando más la amaba, no se si ella lo hizo, no sabré jamás si en verdad me quiso, pero la amé, tanto y tan profundo, quise darle mi vida para sanar sus heridas… pues aunque ella no supiera, sanó las mías.
Creo que fue después de eso que empecé a cuidar las plantas, recorrer sus parques, incluso a comprar sus flores favoritas, solo para recordar su aroma, recordar su rostro y el brillar de sus ojos al mirar las flores, las compro aún; dos veces por semana y es por si algún día vuelve… ella sepa que sigue en mi mente.
Apostaría a que le hice mas daño del que debía, le cambié la vida y si alguna vez leyera ésta carta, le diría que lo mejor fue dejarla libre, aunque eso me costara no volver a tener magia.
Fue ese el momento en el que rompí en llanto, yo la había quebrado y sabía que ella jamás volvería, debí decirle antes; que le di mis besos, los más sinceros, que le entregué mi alma y quería que se quedara. Fue ese el momento; cuando no supe encontrarla, quería que se quedara ¡joder!, lo supe, debí demostrarle que la amaba.
