Soltarte fue el acto de valentía y amor propio más grande que he tenido conmigo en algunos años.
Fue decidir dos vidas ver rodar por la escalera.
Soltarte es ver mi vida resumida en mi joven adultez y el paso gigantesco de la inocencia a la maldad.
Fue regresar incontables veces a los lugares que amé, porque en verdad te amé.
Soltarte fue escribir algunas cartas y unos cientos de poemas; todos con partes de mi corazón, algunos pedazos de alma, de dos a tres cuartos de cerebro, unas cuantas lágrimas y algunos cigarrillos de por medio.
Fue cambiar la mayor parte de mis creencias y reafirmar algunas otras, me creciste y me hiciste fuerte, me rompiste y de la nada me sanaste. Éramos constantes, éramos felices pero éramos fugaces.
Soltarte fue doloroso, con mucho llanto y tragos en el proceso, me dejó con unos cuantos kilos menos, nueva mirada, la mitad de mis ansias.
Soltarte me robó sentimientos, esperanzas y a mi peluche favorito.
Fue dejar mi piel en tu cama, en tus sábanas. Mil besos en tu piel, ambas manos en tu rostro, gemirte al oído cuanto te extrañaba y cogernos por última vez.

Soltarte fue dejarme, cientos de letras, cientos de historias, canciones, estrellas, caminos, comidas y lunares, incontables e inigualables.
Fue entregarme a ti completa, soltarte fue soltarme.
Soltarte ha sido el acto de valentía más grande que he tenido conmigo en los últimos años.
Soltarte es amarme, y por consecuencia desearte lo mejor.
Será extrañarte.