Tenía ganas de no volver y dejar todo a un lado para no perder el sentido, tenía ganas de volver, pero de irme más lejos también ¡ambivalente!

Tenía ganas de perderme, de apestar mi ropa a cigarrillo, mi piel, mis manos, mis dedos y mis labios, era el olor, el único aroma que podía impregnarse por ahora.
Tenía ganas de besarte, sí, revivir el ultimo día y la ultima noche, revivir dos de cada tres momentos que viví contigo.
Tenía ganas de aprender y de leer, de tomar un poco de pisco, cerveza, sorber de la botella, caer en la embriaguez y su causalidad…
Tenía ganas de saltarme todas las reglas, de imitarte para olvidarme en tres días y prender un nuevo fuego… como el del cigarrillo que estaba fumando, solo consumiendo, dejando colillas detrás, quemar por hacer arder sin dejar vacíos, aprender a ser fuego, ¡de nuevo!
Tenías ganas de aprender a ser amante y aprender a mentirles menos, aprender a escribirte sin sentir la necesidad de enviarlo, aprender de mí y mi figura curvada con los nuevos lunares que la habitaban, los nuevos que jamás verías, los que ya no besarías.
Tenía la imperiosa necesidad de aprender a no quemarme, de sentir sin hacerlo demasiado, tenía la necesidad de ser viento y recorrer el mundo, de ser respirada y llenar los pulmones de algún árbol.
Quería ver de noche como lo suelen hacer las bestias, quería aprender a pensar antes de hablar y platicar menos de ti.
Tenía la necesidad de volverme poeta en esencia sin los perjuicios de la profesión.
Aprender a entonar y recitar la poesía que componían los dedos de mi alma.
Quería borrar el rastro, quería rodear la columna del tabaco y aprender… a lastimar menos.
Debía dejar mi cabello largo, dejar que cubriera mis pechos y se esponjara en la humedad de la playa, debía dejar de cortarlo.
Aprender a cocinar, mezclar sabores y probar lucuma, debía aprender a comer sola, beber café a media tarde, arriba en la azotea o llevar mi termo al parque, tomarlo caliente y sin azúcar.
¡debía aprender a ser amante y debía mentirles menos!
Debía aprender a quererme demás, a sentir miedo, palparlo y volar.

Debía aprender, tenía que aprender… sí es que quería volver a vivir, ¡de nuevo!