Y continué con mi lista, la que hace meses intento terminar, hoja seca y blanda, más doblada que la arena…

y al igual que las palmeras que hace un mes había cortado por tu dolor, hoy las quemaba por el mismo penar, pero esta vez para sentirme libre y más fuerte, para alejarme del frío que empezaban a tener mis manos, para que mi alma tomase brillo de nuevo y así fue como dejé que el humo llenara mis pulmones,
que cada rama impregnando su olor en mi ropa y en mi cuerpo, me sanara; que cada hoja seca se redujera a nada, que todo allí se convirtiera entre polvo blanco grisáceo, con tintes y destellos naranjas y llamas azules pequeñas, que tenían ganas de volver a prender, dejé que todo me ardiera y me quemara.
Sabía que hoy no llovería y esas brasas y cenizas quedarían vivas por la larga noche, estarían ardiendo los troncos que aún no dejan de quemarse, tardarían en apagar su fuego, lo sabía, aún les quedaba vida.
Seguía allí parada, con el calor entre las piernas que me recorría por las rodillas, muslos y costillas, me recorría el vientre, las mejillas y la frente.
Sentía como todo se apagaba y por mi espalda invadía el frío de nuevo, todo ardió en solo minutos casi segundos y se apago, nos reducimos a cenizas. Y me acerque más a la fogata para no dejar de sentir el calor de cada llama, me acerque lento para no quemarme con la misma sensación de antes, y acerque las ramas que podían prender aún y el aire conspiró a mi favor y al moverme el humo se movió conmigo, eramos uno y me recorría las entrañas, no paraba de inhalarlo.
Caminé alrededor de la fogata y recogí las ramas que quedaron intactas, juntando una a una como recogiendo el dolor, lo aventé sobre el calor para que se consumiera.
Por error tome una vara caliente que aparentaba estar apagada, mis dedos ardieron y gemí por la sensación de ardor en la piel… pero no me aleje, aún quemada me quedé ahí como canícula en plena combustión.

— No pude terminarla —,
la dejé caer en las llamas que poco a poco se acababan, la dejé caer para que ardieran conmigo, era yo la que quería esfumarse, ser una con la noche, viento y aliento fresco, quería ser abono al otro día como la ceniza de las ramas.
— No pude, no pude, no pude —,
era dejarlo y no quería, era saber lo que ya sé, era aceptar lo que no quiero.
Me alejé poquito a poco, sin dar la espalda al incendio, a mi incendio, en las pupilas dolor fresco, me alejé poquito a poco,
me fui sabiendo que seguía ardiendo,
que pasaría la noche ardiendo…