Cuando terminen…

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Ocupa ese dolor, hazlo poesía, canción, una obra de arte, haz que tu público  se identifique, que inclusive creé  a través  de tu magia, busca en tu hastío el sabor de piel ajena, ¡inmaculalo!.

Ocupa ese dolor, hazlo pecado con sabor a infierno, dulce y ardiente, disfruta el calor en cuerpo ajeno, ¡mátalo!.

Ocupa tu corazón roto y hazlo talento, maquilla un poco los sentimientos con palabras homólogas y ¡acabalo!.

Ocupa el llanto que tus ojos derramaron, limpia con él las manchas de miedo, limpia con él la curiosidad de tus huesos, limpia los recuerdos, limpia el engaño y déjalo libre, derrama tus lágrimas  en su rostro y déjalo ser.

Ocupa ese dolor y conviértelo en fuerza, hazte valiente.

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Ocupa ese dolor y escríbele un libro, diciéndole cuánto lo detestas y cuánto lo amaste, cuenta su historia, desde el primer beso hasta cómo terminaste cogiendo por ser sólo artefacto sexual, cuenta cómo se enamoraron o te enamoraste porque para el final de las cuentas, ¡al menos tú… si te enamoraste!, cuéntale a él cuántas cosas pasaron sin que él lo notará, las caídas, el llanto, las ganas de dejarlo y como te fuiste clavando. Cuéntale de las canciones que cantaste, con una copa de vino o la cerveza de cantina que acostumbras tomar de tarde por los viernes, todas las canciones en su nombre, con despecho y gallardía, con la voz quebrándose y el sentimiento atorado a mitad de la garganta, tragando saliva para no soltar en llanto. Cóbrale la cuenta de los cigarrillos y el déficit pulmonar que te dejaron sus cortes y ataduras. Cuéntale cómo te rompió el corazón, cómo te convirtió en la pecadora anormal que ahora eres, cómo fue que de a poco y con pequeñas heridas te fue convirtiendo en insensible, cómo ultrajó tu alma y tus pocas pertenencias, las pocas ganas que te quedaban de ser honesta.

Cuéntale cómo fue que te fue perdiendo poco a poco, con mentiras y señuelos, cómo le entregaste todo y pretendías quedarte, cuéntale que estuviste a nada de entregarte, cuéntale que también pecaste, que le mentiste cuando le dijiste que no lo necesitabas y que no lo extrañarías, cuéntale que pecaste de inocente… bueno, eso ya lo sabe, se mofó unas cuantas veces abusando la oportunidad.

Ocupa ese dolor para escribirle de su historia, convierte en juez y parte de lo que vivieron, toma ese dolor con ambas manos y haz que lo trague, toma ese dolor y conviértelo en tinta plasmada en papel.

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Ocupa ese dolor y desahógate, mándalo al carajo las veces que te marque y te vuelva a buscar, cuéntale el porqué en unas 300 páginas para que al final de la novela le digas que aún lo amas, que para cuando él  haya terminado de leer su libro.. tu corazón estará lejos y habrás convertido tus miedos y recelos en una obra de arte.

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