Cierro los ojos, a lado en mi mejilla mi taza de té, un pocillo, para mantenerlo caliente durante largo tiempo, dos lapiceros para prevenir la falta de puntillas, el gato a mi espalda, él solo duerme, es su manera;
Olfateo el té, que me recuerda buenos momentos pero sobre todo buenos sueños que he soñado acerca de lo nuestro, doy un sorbo y lo paso lento, en partes;
Saboreo, dejo que el sabor a cedrón se absorba en mi lengua, se consuma en el paladar, degusto el recuerdo, doy otro sorbo, con un suspiro atravesado (tal vez algo le adolezca al corazón);
Escucho una canción tranquila, una que me sé de memoria, que me acomoda el alma, que hago mía en su letra y forma parte de mi historia, la tarareo mentalmente, ya solo siento;
Tiento las hojas, lo que he escrito, el pocillo de té, que sigue tibio, me concentro en mi cuerpo, sentada, algo de frío en la piel descubierta, por mi mente abierta, mis dedos, cincel de maniobras que escribo y condeno.
— Me sustento de esto en cada noche, por tu exceso de ausencia y tu falta de recuerdo — .
Termino con un conjunto de todo, percibo, cierro mis ojos, escribo un poco y suelto el lapicero, sujeto el pocillo, absorbo el aroma y doy el último sorbo…